Hoteles
 
 

UN “GRAN HOTEL” CON UNA GRAN HISTORIA
Escribe: JOSE GUITIERREZ BLAS3

Descorriendo el telón de la historia porteña a un rincón tal vez olvidado, decía Bécquer hasta hace media centuria, cobraba vigencia el “Gran Hotel”, con estructura de madera incluyendo veredas; hall amplio; dotado de barandas, para amarrar bestias de carga; y en su frontis, para estacionar carros de la época.

Fue un hotel de primera categoría, que seguía al “Pacífico”, que ya funcionaba desde 1874; y , en potajes, se codeaba con el Restaurant “Petit Palais”; o después, el “Lima”, que gozaron de muchos comensales, por su ubicación en el entonces Jirón Bolognesi; y con fuentes de comida criolla e internacional.

El “Gran Hotel”, perteneció desde 1921 a don Víctor L. Pérez; ex – alcalde y regidor de la Municipalidad Distrital del Santa; pero ofreció servicios, desde 1910 en la sexta cuadra de Bolognesi.

Viajeros, que arriban del interior del departamento, para embarcarse en vapor, rumbo al Callao; a otros destinos; o viceversa, solían descansar en este original edificio, con ventanales y puertas anchas, enrejados; y, con ambientes vastos y muy cómodos, para los pasajeros.

Don Víctor L. Pérez, próspero comerciante de la época, que era empleado de la Agencia de Aduana Juan Dalmau, introdujo apreciables mejoras al Hotel, que llegó a ofrecer.
Numerosos departamentos amueblados, con servicios higiénicos; alumbrados eléctricos; mesa de billar; cantina bien surtida; comedor de primera donde destacaban los platos a base de mariscos, crustáceos y pescado; salón para banquetes; camareros especializados; inclusive para trasladar equipajes a la Estación del Ferrocarril; o, con destino a las naves marítimas.

Y no sólo estas características; sino, estaba dotado de ambientes, para muestreo de productos o mercadería, y para despacho, con salones ventilados y equipados de muebles vieneses y de estructura inglesa con grandes espejos y cuadros preciosistas, que convirtieron al “Gran Hotel”, en el local preferido por todo viajero, que transitó por Chimbote, y deseó rodearse de esmero, seguridad y confort.

Hoy, supervive en las gratas páginas de la Historia de Chimbote.